Bodensee – Königssee / Radweg

Lo de hacer los Alpes austriacos en bicicleta puede parecer una locura, y creo que lo es ciertamente. En el momento en que se dijo, acabábamos de finalizar el camino a Santiago de Compostela, el cansancio reinaba en nosotros, y la idea surgió seguramente de la animosidad que trae consigo finalizar un buen vino sentados en la plaza de Muros de Nalón, viendo un memorable crepúsculo asturiano. Lo de hacer el radweg que serpentea la Baviera desde el lago Constanza hasta el lago Königssee, en las proximidades de Austria, fue una acertadísima idea que nos permitió saciarnos de un paisaje extremadamente hermoso. Bosques, prados, granjas, animales, puro verde, y pueblitos y pueblos y ciudades, verdadero recorrido arquitectónico por el sur de Alemania, con la cadena alpina de fondo.


mercredi 29 juin 2011

Kehlsteinhaus



Así se nombra el chalet construido en la cima de la montaña Kehlstein de 1834 m. El chalet, también conocido como Nido del Águila, fue regalado por el partido nazi a Adolf Hitler por su 50° cumpleaños. El chalet fue concebido como casa de retiro y también para recibir a dignatarios y diplomáticos, sin embargo apenas fue visitado por Hitler, y la decena de veces en que subió al sitio, nunca pasó de la media hora. El edificio acoge un restaurante y es visitado por turistas del mundo entero, en su mayoría ingleses y norteamericanos. No es un lugar de peregrinaje, sino de significado histórico, al haber sido tomado por los aliados en 1945, y utilizado como puesto de mando hasta 1960, año en que el sitio fuera devuelto a Baviera. Una chimenea en mármol italiano rojo, (regalo de Mussolini?), domina el salón del chalet.  Las habitaciones pueden ser visitadas por los curiosos, que se sorprenden de las vistas espectaculares que se aprecian desde sus ventanales. La pieza que fuera studio de Hitler, ahora hace parte de la cafetería, y es utilizada como bodega. En las paredes cuelgan cuadros y fotografías que recuerdan la construcción del acceso al sitio y del chalet, en la que perdieron la vida doce obreros. ©cAc weg2011      

El ascensor



Al final del corredor concebido para que se desplazara el automóvil, la misma penumbra, los mismos apliques, la roca vestida de mármoles, el techo abovedado. La gente va llegando a hall donde finaliza el túnel. Una fila se forma, silenciosa, el ascensor abre su pesada puerta. Una pieza museable en plena actividad. Va lleno pero no desbordado, un empleado vela por la capacidad y el manejo de la “técnica”. Como el corredor, el ascensor sube los ciento veinticuatro metros excavados en la roca en un abrir y cerrar de ojos. La puerta se abre y la gente se apresura por salir. También nosotros, por salir a cielo abierto y disfrutar del imponente panorama alpino que puede verse a distancias impensables. ©cAc weg2011     

El túnel


Pórtico en piedra tallada. En medallón esculpido, el año en que fuera construido: 1938. Penumbra y humedad a lo largo del corredor. Ciento veinticuatro metros. Humedad como lágrimas huyendo de las paredes. Luz penumbrosa goteando de los apliques de época, los originales. ©cAc weg2011    

El ascenso hasta la boca del túnel



El lugar es una suerte de correspondencia obligada para entrar en Kehlsteinhaus. Área para los autobuses como en las terminales, y dos, quizás tres, ventanillos para comprar el billete de ida y vuelta al Nido de las Águilas. Área de toilettes ultra limpias y una gran tienda de artesanías y souvenirs del sitio visitado o a por visitar. Si mal no recuerdo, el complejo de intercambio rutero dispone de un museo de historia. Horas de salidas y horas de llegada. El trayecto hasta la boca del túnel se hace en convoy, las guaguas rojas en formación y detrás algún otro automóvil autorizado a subir. La ruta es estrecha y serpentea el macizo desde el cual puede verse todo el panorama alpino, el valle, el lago y la ciudad de Berchtesgaden. Mientras avanza la caravana se gana en altura y creemos que el hecho de franquear el macizo es ya una buena sorpresa. Las guaguas llegan, y antes de bajar, confirmamos los horarios de descenso. Nadie se atropella para entrar al túnel. Desde la explanada casi mirador, la vista panorámica es igual de sorprendente. Gris y azul de las montañas en lontananza, azul y azul de un cielo sin nubes. Verde abajo, allá y más allá, jaspeado de otros verdes con pinceladas de flores, no tan lejos, en los confines suaves del valle. ©cAc weg2011   

Schönau, Königssee, Berchtesgaden Hbf.



Los proprietarios de la zimmer (Shönau)
La quietud que envuelve al lago se extiende a uno y otro lado del río, y envuelve en su manto de silencio la dispersa urbanización. La noche en contubernio con el lago se dislocó por el paraje y provocó un sueño de profundidades abismales. El despertador sonó con la claridad del día escalando los montes que abrazan el Königssee. Los propietarios de la casa dispusieron el desayuno de manera que no perdiéramos el autobús de las ocho y cuarto de la mañana en dirección a la Berchtesgaden Hbf. Esta vez, emprendimos el camino a Königssee bordeando el río, por el sendero de ciclistas y camineros, pero a pie. Y llegamos con bastante adelanto a la parada del bus 841, lo que nos permitió deambular por el sitio. En la explanada del parking, un grupo de militares recibía instrucciones antes del comienzo de una maniobra o algo por el estilo. Los empleados de la limpieza trasladaban bancos de un sitio a otro. El buró de turismo aún no había abierto las puertas. Águilas volando sobre la vidriera de la parada de autobuses y venados encaramados sobre piedras soñando ser macizos rocosos. Buena hora para surcar el lago y llegar a St Bartholomä. Los bulbos de ajo rojos de sus cúpulas reflejadas en el Königssee me atravesaron el pensamiento. El ronroneo de un motor me hizo volver a la parada y montar el 841, exacto como un reloj suizo. Un rato después, luego de haber atravesado granjas y pequeños conjuntos urbanos, descendimos en la estación intermodal y esperamos el autobús que hace la ruta hasta el punto desde donde parten las guaguas rojas que en caravana ascienden hasta la boca del túnel que lleva a Kehlsteinhaus.  ©cAc weg2011  

Breve síntesis antes de re-comenzar el pedaleo.



El camino o radweg que comenzó en la ciudad de Lindau, a orillas del lago Boden, también conocido como lago Constanza, lo hicimos en doce etapas, y terminó justo cuando tocamos el lago Königs, no lejos de Schönau, el barrio donde encontramos alojo. Sin embargo, la aventura en bicicleta no acaba en el Königssee. La subida a Kehlsteinhaus, se convierte en un aparte, si consideramos que la visita no la hicimos usando la bicicleta sino el transporte concebido por la autoridad que coordina el sitio geo-turístico. Luego entonces, de vuelta a Schönau es que volvemos a pedalear hasta el punto desde donde regresaremos a Paris, la ciudad de Freilassing, al norte de Salzburgo, pero en territorio alemán. ©cAc weg2011

mardi 28 juin 2011

Las truchas del Fischzucht Königssee


Remontamos la calle de tiendas cafés y restaurantes y llegamos a la explanada acondicionada como parqueo. Desde allí buscamos el camino (Königsseer Fußweg) que se desliza junto al río y que nos lleva a la urbanización donde hacemos etapa. La parrilla de mi bicicleta ha vuelto a dañarse y la ingreso en el atelier situado casi frente a la casa donde nos alojamos. El reparador me la entregará mañana. Una ducha sirve de relajamiento y reposo, pausa que nos abre el apetito. Berchtesgaden está a 5 kilómetros, el Biergarten a dos y medio, el camping no tiene cafetería y no estamos para fast food. La señora nos indica un restaurante en la urbanización. Especialidad en truchas. Las truchas no andan lejos, el río está a dos pasos, pero las truchas están a coger con la mano, en los estanques que rodean el restaurante. El restaurante es llevado por turcos. La trucha es excelente y la guarnición de fritas descomunal. El mantel de guinga azul me recuerda a mi abuela. Hace falta un toque azucarado después de las truchas. En lugar de volver a la casa, hacemos otro camino para llegar al lago. La noche ha caído, el azul del cielo es impresionante y se refleja en las aguas quietas del Königssee. No hay un heladero en la calle comercial, ahora desprovista de turistas, y sus tiendas cerradas. El hotel Gchiffmeifter parece un tanatorio, silencioso, a media luz el hall, iluminadas tímidamente las columnas que sostienen el porche de la entrada. Hay un Mc Donald en las inmediaciones del parking. Entramos sin tardar, sin objeciones, y nos damos el toque cremoso que el cuerpo nos pedía. Después de los helados, volvimos a la zimmer y organizamos la excursión del día siguiente: subir al Nido de las águilas. ©cAc weg2011